Dale que sos Rock dijo presente en la última misa del artista más importante de la cultura popular de los últimos años. Bajo la lluvia, envuelta en canciones y fundida en un solo abrazo, una multitud rindió homenaje a un hombre que trascendió la música y pasó a ser religión.

FOTOS/NOTA: WALLY LEGUIZAMON CAJAL


Más de millón de personas se encontraron en el mismo abrazo, en la misma lágrima, en un mismo fernet, en una misma canción, en un mismo estandarte, pero, sobre todo, en una misma devoción hacia el máximo ídolo popular que tuvo la cultura argentina en el último medio siglo.

Casi doce horas de caminata y otro tiempo largo de viaje es lo que hicieron miles y miles de ricoteros de todo el país que concurrieron a la Santa Misa celebrada en el Polideportivo Municipal Gatica, donde, según dicen, fue el velorio del querido Carlos “Indio” Solari.

¿Por qué este redactor utiliza el “según dicen”? La respuesta carece de complejidad, ya que lo acontecido en el partido bonaerense de Avellaneda estuvo muy lejos de lo se dice como un “último adiós”, es más también estuvo muy lejos de ser un “hasta luego”, es más, diría que resultó ser un eterno agradecimiento y un permanente “hola”.

Sobre este último punto, un claro ejemplo es la sensación que reinó en los últimos metros cercanos al féretro, en los cuales los cánticos, los aplausos, las banderas y los gritos disminuían la sonoridad de las lágrimas.

Las risas, los recuerdos en tiempo presente, la fraternidad y el “cuidarse entre todos” construyeron un manifiesto político que trasciende lo partidario y abarca “lo popular”. No solamente derribaron cientos de preconceptos llenos de maldad, sino que actuaron como espejo de la personalidad del míster que supo conjugar la riqueza de los libros con el barrio, la bohemia, la noche y el rocanrol.

Como se mencionó más arriba, el evento no se sintió como una despedida, sino como un recital muy especial, tal vez, porque el Indio echó raíz en el corazón y en la conciencia de cada uno de sus fieles que lo tendrán marcado para toda la infinidad.

Así lo percibió Laura Pereyra, vecina de Berazategui, quien aseguró “tuve la sensación de que iba a un recital”. Ella no llegó al sitio donde estaba el ataúd porque sintió que “si llegaba a ahí, se cerraban muchas cosas de mí vida, prefería recordarlo como si esperara su próximo concierto”.

En el momento en el que recibí la noticia no me dolió porque traté de pensar las cosas de otra manera, el Indio marcó una etapa de mí vida con muchísimas canciones”, reveló y agregó: “Tengo miles de canciones de los Redondos que me desgarran el corazón si yo me pongo a escuchar con sentimiento por miles de cosas que me pasaron que quizás las sé yo y las personas con las que pasé esos momentos desde los 15 años”.

Asimismo, Mariano García, del mismo distrito, comentó que Solari “es mí vida, es todo todo todo, es más que mis viejos, por más que digan que exagero, pero no saben lo que viví con él”. Contabilizó que fue a “82 recitales de los Redondos y a todos los del Indio, tengo toda mí vida escuchando y leyendo notas de ellos”.

Mariano también recordó una anécdota donde refleja el espíritu de hermandad entre los ricoteros al repasar que una vez en un show efectuado en Salta “toca el primer tema -Fuegos de Oktubre- y pierdo mí billetera con todo, plata, DNI y pasaje de avión”.

Me senté en la tribuna muy bajón mientras seguía el recital y una chica que oyó lo que me pasó, me dio 100 pesos y con eso pude volver en avión desde Salta”, relató y completó: “A la semana la llamé para devolverle la plata, me pasa la dirección y resulta que vivía a cinco cuadras de mí casa en Pacheco y 15 días después me llaman al trabajo desde una agencia de motos en Microcentro para decirme que un chico que fue al recital encontró mí billetera. Se la trajo a Buenos Aires y me buscó hasta que me contactó y me la devolvió intacta, esas cosas no se entienden y esas cosas las genera el Indio”.

En tanto, Bárbara Ramos, proveniente de Lanús, explicó que se acercó “hasta Avellaneda porque sentí que era el lugar donde tenía que estar, donde quería estar, con gente que sentía la misma angustia por la pérdida, pero la misma alegría de haber sido contemporáneos de este ser increíble que fue el Indio, de haberlo vivido, disfrutado, sentirlo”. “Atesoramos cada momento compartido y todo el legado hermoso que nos dejó”, sumó.

Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Clarisa Colombraro expresó: “Para mí, el Indio significa pueblo, interés nacional, reivindicación de las pasiones, todas las pasiones, las buenas y las malas”.

Carlos Alberto Solari, el Indio, ascendió a los cielos el 5 de junio, aunque su omnipresencia ya lleva más de cuatro décadas con una obra artística que se transformó en una religión, en una cultura popular que se siente y no se explica con palabras. Ahora el asunto está ahora y para siempre en nuestras manos para que su legado sea conocido, no sólo por las nuevas generaciones, sino que también por aquellas que fueron contemporáneas y que recién ahora son alcanzadas por la magia del Míster.