Vuelve una sección estrella de Dale que sos Rock. Sí, vuelve el espacio dedicado a sus Majestades Satánicas.

Nota: Pablo Lopez

Hoy en #PatriaStone les queremos presentar a Cesar Bersais, un fan destacado de nuestra Patagonia argentina, fundador del Fan Club Patagónico Rolling Stones.

Su fanatismo lo llevó a dar vueltas al mundo siguiendo los pasos de los ídolos, realizar auténticas proezas, coleccionar auténticas JOYAS, y realizar una de sus más grandes locuras, visitar la casa donde murió Brian Jones.

Devoto de Keith Richards, con el cual tiene una foto que guarda en su corazón, este vecino de Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, detalló cada una de sus locuras y brindó detalles sobre los objetos históricos vinculados a la banda británica, que casi nadie tiene. Te lo decimos, es una nota que no te podés perder.

– Cesar, contanos un poco.. ¿Cuándo y cómo comienza este amor desmedido hacia los Stones y de qué se trata el FAN CLUB PATAGÓNICO?

Coincido, es una pasión desmedida, un amor desmedido, una adicción el ser fanático de los Rolling Stones.

Considero que se profundiza, como toda pasión, en la adolescencia. Los descubrí de casualidad: nadie en mi familia escuchaba a los Rolling Stones. No teníamos cassettes, discos ni vinilos de ellos.

Soy el primer hijo, así que tampoco había un hermano mayor que me mostrara un camino musical o un tío que lo hiciera. Los descubro, por casualidad, en un cassette variado en el cual, el lado B, lo habría el tema “Azúcar marrón” de los Rolling Stones (así en español).

¿Quiénes eran los Rolling Stones? pensé, así que investigué y pregunté en tiendas musicales de Comodoro, mi ciudad, en las cuales me dijeron que ese era un tema del disco Sticky Fingers.

En aquel tiempo tenía 12 años y se estilaba hacer un viaje de fin de primaria. Nosotros fuimos a una ciudad de la Patagonia que tenía solo una tienda de música y allí compré mi primer cassette de los Rolling Stones, Sticky fingers, y otros más. Para poder comprarlos utilicé toda la plata que mis papás me habían dado para ese viaje. Ya en la secundaria comencé a comprar revistas económicas que iban encontrando en revisterías o librerías. Imaginate que, siendo una adolescente, no tenía nada de plata para comprar esas cosas. Ahora tampoco tengo mucha –ríe- pero cuando adolescente mucho menos. A los 14 o 15 años me compré mis primeros cds: Steel wheels, Flashpoint pero antes ya tenía cassette grabados de radio o de alguien que lo tuviera y me hacía una copia.

Ahí, sin darme cuenta, empezó esta gran pasión que no paró de crecer día a día. Luego, fui incorporando discos basándome en notas que iba leyendo en revistas en las que, por ejemplo, Richards decía que sus discos favoritos eran “Let it bleed” y “Beggars banquet”. Y en eso me fui encontrando con temas que quizás conocía o había escuchado pero, muchos otros que no, lo cual hizo crecer mi conocimiento poco a poco.

Ya a partir de los 17, 18 años, a partir de trabajos que realizaba a la par del secundario, empecé a tener dinero propio que me permitió comprar cds. Cuando encontré vinilos en oferta (2 pesos en esa época), los cuales nadie quería comprar, busqué y compré el que tuviera Satisfaction ya que era el que yo quería, y el dinero me alcanzaba solo para uno.

Y, entonces, así empecé a comprar: cassette, cd, vinilo, revistas y libros. Y su música, cual fuera el estilo (reggae, baladas, soul, etc.) me conmocionó. Y, siempre se destaca, el sonido de Richards, para mí, lo más grande que existe.


–  ¿Qué recordás de aquel primer viaje, ya pasados los años, donde era otra Argentina?

Mi primer viaje para ver a los Rolling Stones, fue a los 17 años, desde Comodoro a Buenos Aires. Fue un momento importante no solo por el hecho de poder ver a Richard sino también porque, a esa edad, nunca había ido solo a Bs As. Salí de Comodoro el viernes 6 de Noviembre, a las 8am de la terminal de ómnibus de Comodoro y llegué 24hs después a Retiro. Desde allí, preguntando y en colectivo llegué al estadio de Vélez cerca del mediodía, para esperar la apertura de puertas.

El show me impactó, si bien no conocía muchas de las canciones que él iba a interpretar, el hecho de poder experimentarlo fue increíble. Tuvo hitos, para mí, como escucharlo interpretar canciones de los Rolling Stones, o cuando tocó “How i wish”, una de mis preferidas.

Luego del show no tenía dinero para un hotel, y al volver tuve que “pagar el precio” de haber faltado, es viernes, a exámenes muy importantes por los cuales tuve que rendir materias en otros momentos y dar, también, explicaciones de donde estuve ya que no pedí permiso para irme sabiendo que no me iban a dejar. Todo eso valió la pena para poder estar en el show.

El impacto que generó hizo que algunos recuerdos fueran confusos o mezclados, pero luego, volviendo a ver el show en dvd fui “acomodando” lo vivido y dándole dimensión. Y esa comprensión la profundicé con el cd doble y, allí entendí que eran el grupo que me iba a acompañar toda la vida y que Richards se había transformado en una adoración para mí. La primera vez que pude ver a los Rolling Stones en el exterior fue en el show de diciembre de New Jersey en el aniversario de los 50 años, un momento muy complejo en mi vida ya que mi papá estaba gravemente enfermo y finalmente falleció en octubre. Ahí se dio, con un grupo de amigos, la creación del Fan Club Patagónico.

–  Cumpliste el sueño de más de uno, pudiendo conocerlos y saludarlos en varias ocasiones, ¿cómo fueron esos encuentros? 

Mis encuentros, con algunos de ellos, comenzaron a partir del 2010. Luego de viajar para ver a Richards y los shows del 94 y 95 y marzo del 98, yo me consideraba hecho. Ya había visto a los Rolling Stones 10 veces y no estaba en mis planes viajar. Sí, coleccionar, mucho y todo lo que pueda. Y, también, hacer programas de radio en los que pasaba mucha música de ellos.

Después de ver los shows de Argentina de 2006, sentí que esa fue “la dosis extra” y que ya estaba bárbaro. Seguí coleccionando y aumentando el nivel de dificultad (y costo) en los objetos que buscaba para sumar a la colección.

En 2009 sentí la necesidad de recorrer los orígenes de los Rolling Stones. Así que en 2010 vendí mi auto y compré un pasaje para Londres. Semanas antes de viajar, Ronnie Wood anuncia dos shows, en el mismo día, en el teatro Ambassador de Londres. Conseguí tickets para el primer show y ahí tuvimos la suerte de saludarlo, abrazarlo y hasta sacar una foto a las apuradas. También logré la foto del encuentro con Anita Pallenberg que estaba con Marlon Richards.

En 2012 fui a New Jersey a ver los shows de los 50 años. Ahí tuvimos un lindo encuentro con Bobby Keys, un Stone más. Entre show y show, él organizó un concierto en Brooklyn con su banda y se tomó tiempo para compartir con cada uno de los fans que quería comprar su libro autobiográfico y sacarse una foto con él.Así que vi 13 y 15 de diciembre a los Stones y 14 a Bobby Keys.

Luego, en 2015, el viaje del fan club en el que pudimos conocer a John Page y logramos ingresar a Edith Grove, lugar en el cual vivían Jagger, Richards y Brian Jones y a “Cotchford Farm”. En 2017, comencé a soñar con conocer a Keith Richards.

En 2018 viajé para los shows de Londres en mayo, y antes de viajar me fui conectando con Jane Rose (manager de Jane Rose) y, si bien no logré conocerlo en los shows del 22 y 25 de Mayo, me sirvió estar en contacto con ella.

El 29 de mayo fue el show de South Hampton. Y sin saberlo, ese pasó a ser unos de los 5 días más importantes de mi vida. Me aprobaron el encuentro por mail.

Llegué con 9 británicos y ellos hicieron el meet and greet. Mientras yo esperaba, pasó al lado mío Mick Jagger. Solo lo saludé y él me devolvió el saludo.

Finalmente ingresé y vi a una señora y un fotógrafo. Más hacia el fondo vi a Watts, Ronnie, Fowler, Darryl Jones y Chuck Labelle, además mucha gente que no logré divisar.

Mientras esperaba, me puse a charlar con la señora, quien resultó ser la señora que me había informado que podía tener el encuentro con Richards.El fotógrafo me dijo que luego la organización me enviaría la foto.

Cuando vi venir a Keith Richards se paralizó mi mundo. Vi llegar su cabecera blanca y su vincha con colores jamaiquinos. Me presentan y le explican que venía de Argentina para verlo.

Él respondió “ah, ok” me mira y ríe, como si me conociera de toda la vida. Era el Keith Richards de siempre, el que vemos en todos lados y por eso lo amamos.

Yo le digo “I wanna hold you” (quiero abrazarte) y él me mira y abre sus brazos. Lo abrazo, con suavidad, para que no me echen del lugar. Y entonces el fotógrafo dice: ok, ¿tomamos la foto? Y nos colocamos, lo tomo de la cadera. Mientras tomaba la foto yo le hablaba al oído y le decía: “gracias por dejarme cumplir mi sueño, en Argentina te amamos. Imagino que tú lo sabes”. Y él respondió: “lo sé y lo agradezco mucho”.

El fotógrafo me seguía pidiendo que mire a la cámara y luego dijo que había que repetir la sesión. Ahí cambió mi mano hacia su hombro y esa fue la foto que me enviaron.Mientras tanto le cuento acerca del fan club y el honor que le hacemos en él.

Cuando terminamos le pido abrazarlo nuevamente y me deja. Y luego me dice textualmente: “Gracias por venir desde Argentina para conocerme. Espero que lo disfrutes, muchas gracias.” Mientras sonreía todo el tiempo.

Luego, aproveché la oportunidad y le pedí a la señora si podía sacarme una foto con Charlie. Me respondió que iba a intentarlo y luego él miró para ver con quien tenía que sacarse la foto y vino. La señora le explicó lo mismo que a Richards respecto de mí y él se tomó la foto. Le dije: “Gracias Charlie para mí es un honor, un sueño cumplido.”

–  ¿Cómo llegaste a la casa donde murió Brian Jones? Una casa que imaginamos hoy que no solo que no debe ser turística, sino que es de difícil acceso, ¿que recuerdo pudiste rescatar de esa visita?

A finales de 2014 empecé a averiguar todos los datos posibles para saber cómo llegar a ese famoso lugar que al parecer era inhallable, así que iba a depender de la suerte ya que, si un día lo encontraba, el segundo milagro era que me dejaran entrar.

Era un sueño mío que le comenté a los muchachos que viajaban conmigo. Así que un día, en un bar de Londres, les digo que la idea sería, determinado día, ir a la casa en la cual Brian Jones había muerto en la pileta.

No es un lugar turístico, está en el medio del campo y no está señalizado en absoluto. Tenés que salir de la última pequeña ciudad y adentrarte en el campo para llegar, incluso las calles son de tierra.

Así que, empezamos la travesía en subtes y trenes para acercarnos lo más posible. A partir de ahí, nos íbamos a tomar un colectivo, pero optamos por un taxi. Le pasé la dirección al taxista y en el GPS aparecía solo pasto y una calle.

En el trayecto, varias veces tuvimos amagues pensando que eran ciertas casas que veíamos. Preguntamos a vecinos y nadie sabía nada.

Llegado un momento, el taxista quería volver y yo, de ninguna manera, iba a retroceder. Ponía en peso todo el esfuerzo que, para mí, era llegar allí desde la Patagonia. Y, con la historia y los datos que le conté al chofer, el mismo se empezó a entusiasmar y nos ayudó a encontrar el lugar.

En un momento, nos pareció ver un techo similar al de la casa y, el chofer del taxi se baja a preguntarle a una señora, que estaba limpiando la ventana de su casa. La vecina le indica que la casa de Brian Jones, Winnie Pooh (el dueño anterior fue el escritor del personaje), era la de al lado a la suya.

Allí todos recuperaron el ánimo y, ahora, el tema era ver cÓmo entrar. Me pareció ver la pileta y, muy a lo lejos, al jardinero. A ese mismo lo reconocí ya que lo había visto en un video hablando. Grité con todas mis fuerzas, no me escuchó en ningún momento.

El resto estaba esperando en la puerta principal, pero a una distancia determinada ya que, más cerca, se disparaba una alarma y, un amigo inglés, nos había dicho que nos podían disparar con una escopeta.

Nos salvaron las banderas del club fans: una de Brian y otra con la lengua.

Esperamos y, de pronto Marcelo (uno de los muchachos que falleció en 2016) le habló al dueño de la casa en español, el cual había salido. Ahí me llamaron para que le expliquemos todo en inglés y le dijimos, entre otras cosas, que fuimos exclusivamente para entrar ahí.

A lo cual, el señor nos responde: “ok, van a entrar”. Nos hizo esperar y abrió la tranquera.

Ingresamos caminando, el taxista ya también estaba muy emocionado. Todo está filmado, yo voy hablando con el dueño de casa. Como periodista y como fan, yo le fui haciendo preguntas. Mirábamos la distancia entre la pileta y la casa, y le pregunté ¿usted cree que Brian Jones fue asesinado?” a lo que me respondió “No tengo ningún tipo de duda, pero tampoco tengo pruebas, como todos.”

También me aclaró que, por la distancia entre la casa y la pileta, de haber música no se escucharía lo que sucede al otro lado.

Finalmente pudimos ver al jardinero y el dueño nos contó que ingresó a 1970 la casa y que él trabaja en el sector inmobiliario, así que él mismo era el que ponía la casa a la venta para mudarse a otra zona.

Sacamos agua de esa pileta, el dueño fue muy gentil. No había nada de los restos demolidos de la vieja pileta ya que los fragmentos se entregaron al fan club británico de Brian.

Nos llevamos agua y muchas fotos. Recreamos una foto histórica con la pileta y la casa de fondo.

Al irnos, le pedí una tarjeta, y la emoción era que decía, bien grande, “Cotchford Farm”.


– Contás con una INMENSA colección de artículos relacionados, ¿tenés pensado abrir un MUSEO en algún momento?  Y si tuvieras que nombrar los 5 objetos de colección más preciados ¿cuáles serían?

Es difícil nombrar solo cinco, porque por ejemplo, hay objetos que uno siempre quiso tener y que tienen un significado importante, además de un valor monetario.

Si tengo que nombrar, entonces: el flipper histórico, que cuando vi a Richards jugando con él en el video de “Rewind” enloquecí, y luego lo vi en “Música y recuerdos”. Por suerte lo tengo y está funcionando. También la foto con Richards la cual, además de que fue sin costo y quizás sea lo que más valor tiene de mis cosas. Si bien había que pagar un pasaje a South Hampton y el ingreso al estadio, la foto en sí no tiene costo. También la primera edición británica del libro “Life” firmado por Keith Richards. Su guitarra, la micawber, la Fender telecaster pero adaptada con las 5 cuerdas y las modificaciones que Keith le hizo a su mítica viola.

El LP Tattoo You firmado por los cinco integrantes que lo hicieron: Richard, Jagger, Wyman, Watts y Wood. En la parte roja están las firmas de ellos.

El “Promotional” álbum, que hasta el día de hoy sigue siendo uno de los discos más difíciles de conseguir, ya que -en teoría- se hicieron 400 copias. Y que, aparentemente un aproximado de 200 copias se repartió en radios inglesas y 200 en radios de Estados Unidos, para hacer promoción de lo que iba a hacer “Let it bleed”.

Eso para nombrar cinco, pero después hay un montón de cosas como las “Rolling Stones books” una colección de 30 fascículos que salieron en Inglaterra entre 1963 y 1965.

Y para completar tu pregunta: no, no tengo pensado hacer un museo, es el living comedor de mi casa y ahora, por suerte, vivo en un lugar en el cual puedo tener todo a la vista y disfrutarlo.

Hice tres exposiciones, para las cuales pensé mucho qué llevar para que quien vaya pueda disfrutarlo. Pero eso no significa que sean siempre las cosas más preciadas o con más valor, sino las que llaman más la atención. Con las exposiciones ya me sentí conforme.


– ¿Cuál fue la locura más grande que realizaste para poder llegar a estar en contacto con ellos?

Bueno, algo de esto ya hablé… para recorrer los lugares de sus orígenes en 2010 vendí el auto.

Y, para viajar y sostener los gastos en 2017 y 2018, volví a vender mi auto y a la vuelta: a caminar y usar colectivo durante un año y medio. Todo sea por los Rolling Stones.

En 2017 me propuse tratar de llegar al héroe, a Keith Richards, y en 2018 lo conseguí, por lo cual me siento afortunado.

¿He hecho muchas locuras? Si, ya desde mi adolescencia. Y luego viajes, escalas, horas de esperar, trenes. Hice rifas y vendí discos que sabía que podía recuperar, pero no me dejaban doler. Hicimos encuentros con bandas para recaudar dinero y cosas de este estilo. Y así seguirá siendo para seguir viéndolos.

– ¿Creés que los podremos ver en Argentina una vez más?

Obviamente, con la pasión y fanatismo del argentino, tenemos la esperanza de que vuelvan pero, pareciera, que cada vez se pone más cuesta arriba.

Primero, porque son impredecibles: cuando se pensaba de que era momento del retorno a los shows en Oceanía y Asia no sucedió, desde 2014 no van. En 2018 y 2019 repitieron Europa y en 2019 y 2020 Estados Unidos (aunque en 2020 no se haya podido hacer).

Y en 2020, también se especulaba o pensaba que era momento de Australia, Nueva Zelanda, Japón y abrir algún otro mercado.

No quiero ser pesimista ni mucho menos, los quiero volver a ver en casa. Pero como Argentina es el país principal para que los Rolling Stones vengan a Sudamérica, y a partir de allí se encuentran los socios en Brasil y México.Pero con la situación actual ya conocida y lo que debe salir hoy un contrato en dólares y, además, lo que tendría que valer una entrada para poder recuperarla, parece bastante difícil.

Además, por las complicaciones que trajo la pandemia y el no saber cuándo se va a ir, para que vuelvan los conciertos.  Seguro sea una de las ultimas cosas en volver, porque ahí uno está codo a codo con un desconocido.

Mantengamos las esperanzas, nos juega un poco en contra la edad de los muchachos.

Yo siempre le decía a mis amigos: “viajá que puede ser la última” y siempre había una más. Pero ahora no se sabe si va a haber una más. Y si es en el exterior va a haber que vender el auto de nuevo, y probablemente también la casa para poder costearlo. Pero bueno, ya sabemos que no hay que perder la esperanza y que, con los Rolling Stones, nunca se sabe.

– Los que te quieren conocer, y saber de qué se trata el “FAN CLUB PATAGONICO” ¿dónde te puede encontrar? 

  @fanclubpatagonicorollingstones es mi IG, estan todo invitados!