Con un interesante despliegue de vestuario, la participación de performers y las canciones de su último álbum, demostró que su sinónimo es la palabra talento. (PH: Iñaki Villa)

Mariana Bianchini, cantante y compositora, transita el rock desde finales de los noventa con bandas como Panza y Pájaro de fuego. Paralelamente, desarrolló su proyecto solista desde 2002 y su último álbum Matrioska lo presentó  en la Usina del arte.


Con Lulo Usod en batería, Cam Beszkim en bajo, Sergio Álvarez en guitarra y Caro Caratti en teclados, vestidos de negro y Mariana, con un vestuario de color rojo, brindaron un exquisito espectáculo tanto auditivo como visual.

Los coros a cargo de Cam y Caro anticiparon la propuesta: la voz de las mujeres. Justamente, de eso trata el álbum a presentar, el cual consta de nueve piezas musicales que cuentan nueve historias de diferentes mujeres.

La señora del kiosko, Sumo y Espejo negro fueron las canciones encargadas de mostrar la propuesta en el escenario. Además, junto con los músicos se integró un grupo de performers, que conjugaron la danza y el teatro. Es decir, al mismo tiempo que los temas avanzaban, las actuaciones de todos los protagonistas iban recreando el alma de cada uno de ellos.

Por su parte, la puesta en escena consistió en piezas de ajedrez del tamaño de una mascota hogareña, un chango de supermercado, lentes lumínicos y un paraguas oriental, en un principio. También, incluía elementos que nos llevan hacia lo onírico y espiritual: alas negras y blancas fueron parte de la vestimenta de Mariana, provocando el ying/yang del mensaje transmitido en canciones como Hermana gemela, Contracto Matrimonial, Un amor de película y la canción que más conmovió al público La Policía de la Armonía.

Los cambios escénicos dedicados a cada tema, contemplaron elecciones histriónicas como, por ejemplo, una especie de tertulia en la que Bianchini junto a un grupo de performers tomaron té; además, con la elección de un integrante del público, el escenario se convirtió en una peluquería simulada donde se sometió al invitado a ser afeitado, mientras sonaba Dra. Ketamina.


Cabe resaltar que algunas sorpresas inesperadas surgieron durante el recital: sonaron Inundación, perteneciente al al álbum (2009) y Ruta al destino  de Indisciplina (2012), dos de sus anteriores placas que junto con Incubadora (2003) comprenden la totalidad de su discografía solista.

De igual forma, como regalo hacia la audiencia convocada impactaron con una canción nueva: Blues de Matrioska, una especie de máquina boogie-blues que torna hacia el rock alternativo y pop. Cabe destacar la alusión hacia In between days de The Cure, entre prolija y divertida.

Para finalizar el show, una introducción solemne y extensa de guitarra fue ejecutada por Álvarez mientras Bianchini se ubicó en el centro del escenario a contraluz. Sonaba Oficina de Objetos Perdidos y en su desarrollo, instrumento a instrumento, fueron integrándose. Mariana, lentamente, regresó donde todo comenzó, cantando detrás del biombo.

 

En ésta era donde todo lo queremos ya, rápido y por streaming, muchas veces subestimamos lo conmocionante que puede resultar un show donde se conjugue la danza, el teatro, la música y el diseño. Oído y vista, sí. Pero, también, el ser y el estar es lo que realmente significa.

Para ver el álbum completo, entrá a MARIANA BIANCHINI EN USINA DEL ARTE